Convivencia en el aula (Act. 19)


Después de intentar, en repetidas ocasiones, ver el vídeo propuesto para esta actividad en su totalidad sin desconectar, me propongo tomar la segunda alternativa, el de proponer una manera de abordar la problemática de la convivencia en el aula.

Si hay algo que me ha quedado claro del vídeo es que, para enfrentarnos a él, tenemos que entender el conflicto como algo natural y humano, eliminar la connotación negativa de su definición. Para empezar, vamos a cambiar la palabra "enfrentarnos" por "abordarlo". ¿Cómo abordamos el conflicto?

Pues bien, volvemos a que el conflicto y la fricción surge de manera orgánica durante la convivencia. En lo que concierne al docente, los roces en el aula son parte de la carga de la profesión (los de fuera del aula, también).

Estoy en contra de la posición de creerse el director, el guarda de las llaves de la clase. Acepto que exista un superhéroe/ina que sea capaz de hacerlo, pero desde luego esa no soy yo. Por eso, creo que la función que personalmente puedo desempeñar se resume en dos:

  • Enseñar desde el ejemplo: es decir, el respeto y la educación llaman al respeto y a la educación. Como nadie es infalible, cuando dando clase he tenido un error o descuido me he disculpado. Es algo que me ha funcionado en clase, pero entiendo que mi experiencia se limita a grupos pequeños (de hasta 12 alumnos salvo cuando he tenido que cubrir faltas), que son conductivos a una relación más personal e individualizada y, que por ser más cercana, no he tenido la necesidad de proyectar una imagen de autoridad férrea.
  • Encauzar, con disimulo. En el primero de los casos que relato en la entrada anterior menciono que de todas las medidas que tomé para ayudar a la integración de un alumno en el grupo, la más productiva fue sin duda acercarle a aquellos compañeros que se mostraban más receptivos intentando encubrir el motivo del emparejamiento. Vuelvo a lo que he dicho: esto fue únicamente posible por tener la oportunidad de conocer personalmente a los estudiantes.
No quiero cometer el error de pensar que estas medidas son infalibles. Sin duda es necesario adaptarse a la situación particular. No basta con conocer al/los alumno/s y buscar la manera de entender el origen del conflicto, también hay que reflexionar sobre el propio comportamiento y valorar su efectividad.

Una amplia experiencia con distintas situaciones puede que sea la clave, pero cada persona es un mundo. Lo que superficialmente puede parecer lo mismo puede que tengan soluciones muy diferentes. O que no las tengan. Las panaceas no existen.

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